DISCURSO COMPLETO DE LUIS DONALDO COLOSIO “VEO UN MÉXICO” MONUMENTO A LA REVOLUCIÓN
DISCURSO COMPLETO DE LUIS DONALDO COLOSIO “VEO
UN MÉXICO” MONUMENTO A LA REVOLUCIÓN
CAMBIO CON RUMBO Y RESPONSABILIDAD
6 DE MARZO DE 1994
MONUMENTO A LA REVOLUCIÓN, CIUDAD DE MÉXICO.
"Compañeras
y compañeros de partido; Compatriotas:
Aquí está el PRI con su fuerza. Aquí está el PRI con sus organizaciones; está
con su militancia, está con la sensibilidad de sus mujeres y de sus hombres.
Aquí está el PRI con su recia vocación política. Aquí está el PRI para alentar
la participación ciudadana.
Aquí está el PRI para mantener la paz y la estabilidad del país, para preservar
la unidad entre los mexicanos. Aquí está el PRI en pie de lucha. Aquí
está el PRI celebrando un año más de intensa actividad política. Aquí está el
PRI que reconoce los logros, pero también el que sabe de las insuficiencias, el
que sabe de los problemas pendientes.
Aquí
está el PRI que reconoce que la modernización económica sólo cobra verdadero
sentido cuando se traduce en mayor bienestar para las familias mexicanas, y que para que sea perdurable debe
acompañarse con el fortalecimiento de nuestra democracia. Esta es la exigencia
que enfrentamos y a ella responderemos con firmeza. El PRI reconoce su
responsabilidad y ésta es de la mayor importancia para el avance político de
México. Los priistas sabemos que ser herederos de la Revolución Mexicana es un
gran orgullo, pero ello no garantiza nuestra legitimidad política. La
legitimidad debemos ganarla día con día, con nuestras propuestas, con nuestras
acciones.
Como
Partido, tuvimos un nacimiento que a todos nos enorgullece: el PRI evitó que
México cayese en el círculo vicioso de tantos países hermanos de Latinoamérica,
que perdieron décadas entre la anarquía y la dictadura. La estabilidad, la paz
interna, el crecimiento económico y la movilidad social son bienes que hubieran
sido inimaginables sin el PRI. Pero nuestra herencia debe ser fuente de
exigencia, no de complacencia ni de inmovilismo. Sólo los partidos autoritarios
pretenden fundar su legitimidad en su herencia. Los partidos democráticos la
ganamos diariamente
Amigas
y amigos del partido:
Surgimos de una Revolución que hoy sigue ofreciendo caminos para las
reivindicaciones populares. A sus principios de democracia, de libertad y de
justicia es a los que nos debemos. Los ideales de la Revolución Mexicana
inspiran las tareas de hoy. La Revolución Mexicana, humanista y social, nos
exige y nos reclama. La Revolución Mexicana es todavía hoy nuestro mejor
horizonte.
Encabezaremos
una nueva etapa en la transformación política de México. Sabemos que, en este
proceso, sólo la sociedad mexicana tiene asegurado un lugar. Los partidos
políticos tenemos que acreditar nuestra visión. En esta hora, la fuerza del PRI
surge de nuestra capacidad para el cambio, de nuestra capacidad para el cambio
con responsabilidad. Así lo exige la Nación. Nuestra visión y nuestra
vinculación histórica con el gobierno nos aseguró la oportunidad de participar
en los grandes cambios del país. La fuerza del gobierno fue en buena medida la
fuerza de nuestro Partido. Pero hoy el momento es otro: sólo nuestra capacidad,
nuestra propia iniciativa, nuestra presencia en la sociedad mexicana y nuestro
trabajo, es lo que nos dará fortaleza.
Nadie
podrá sustituir nuestro esfuerzo. Nadie podrá asegurarnos un papel en la
transformación de México si nosotros no luchamos por él, si nosotros no lo
ganamos ante los ciudadanos. Quedó atrás la etapa en que la lucha política se
daba, esencialmente, hacia el interior de nuestra organización y no con otros
partidos. Ya pasaron esos tiempos. Hoy vivimos en la competencia y a la
competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas:
las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido
que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar.
Como
un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que
luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria nos
dará la estatura a nuestra presencia política. Cuando el gobierno ha pretendido
concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la
contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo
demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni
concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley! No pretendamos
sustituir las responsabilidades del gobierno, pero tampoco pretendamos que el
gobierno desempeñe las funciones que sólo a nosotros, como partido, nos corresponde
desempeñar.
Hoy estamos ante una auténtica
competencia. El gobierno no nos dará el triunfo: el triunfo vendrá de nuestro
trabajo, de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación.
Los tiempos de la competencia política en nuestro país han acabado con toda presunción
de la existencia de un partido de Estado. Los tiempos de la competencia
política son la gran oportunidad que tenemos como partido para convertir
nuestra gran fuerza en independencia con respecto del gobierno. Hoy somos la
opción que ofrece el cambio con responsabilidad. Somos la opción que mejor
conoce lo que se ha hecho. Que sabe de los resultados de sus programas, de sus
aciertos y de sus errores. Somos la opción capaz de conservar lo que ha tenido
éxito y somos la opción de encontrar nuevos caminos de solución para los
problemas pendientes. No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a
lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad para aprender, para
innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos.
¡Cambiemos,
sí! ¡Cambiemos! ¡Pero hagámoslo con responsabilidad, consolidando los avances
reales que se han alcanzado, y por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros
valores y nuestra cultura! ¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no
quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya
estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces! ¡México quiere democracia,
pero rechaza su perversión: la demagogia! Ofrecemos cambio con rumbo y
responsabilidad, con paz, con tranquilidad. Se equivocan quienes piensan que la
transformación democrática de México exige la desaparición del PRI. No hemos
estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar el México
contemporáneo sin la contribución de nuestro partido. Por eso, pese a nuestros
detractores y a la crítica de nuestros opositores, somos orgullosamente
priistas. Debemos admitir que hoy necesitamos transformar la política para
cumplirle a los mexicanos.
Proponemos
la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el
Estado. Hoy, ante el priismo
de México, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para
democratizarlo y para acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.
Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva
concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones
equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un
presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su
origen republicano y democrático. Reformar el poder significa fortalecer
y respetar las atribuciones del Congreso Federal.
Reformar
el poder significa hacer del sistema de impartición de justicia, una instancia
independiente de la máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones
de la República. Reformar
el poder significa llevar el gobierno a las comunidades a través de un nuevo
federalismo. Significa también nuevos métodos de administración para que
cada ciudadano obtenga respuestas eficientes y oportunas cuando requiere
servicios, cuando plantea sus problemas, o cuando sueña con horizontes más
cercanos a las manos de sus hijos.
Estos
son mis compromisos con la reforma del poder. Es así como yo pienso que cada
ciudadano tendrá más libertades, más garantías, para que sus intereses sean
respetados; para gozar de seguridad y de una aplicación imparcial de la ley.
Los priistas creemos en el cambio con responsabilidad. Hemos alentado acuerdos
entre partidos; hemos planteado revisar el listado electoral; hemos solicitado
la participación de observadores en todo el proceso electoral y la integración
de un sistema de resultados oportunos. Por eso es por lo que también hemos resuelto dar transparencia a todos
nuestros gastos. Estamos por elegir candidatos a diversos cargos de
elección popular.
Amigas y amigos:
Tenemos que aprovechar este proceso para darle
mayor fuerza a nuestra organización. Todos los priistas tenemos una tarea que
cumplir, todos tenemos una responsabilidad que asumir. No queremos candidatos que, al ser postulados, los
primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia, seamos los propios
priistas. Asumimos todos estos compromisos de reforma republicana, de
reforma democrática y federal; de reforma de los procedimientos y de su
contexto; de reforma interna del PRI. Y lo hacemos porque somos conscientes que
la sociedad mexicana ha cambiado y que demanda en consecuencia un cambio en las
prácticas políticas. El
PRI participará con civilidad y con respeto a nuestro pluralismo en las
elecciones del 21 de agosto.
Como
candidato del PRI a la Presidencia de México reafirmo mi compromiso
indeclinable con la transformación democrática de México. Que se entienda bien:
ese día sólo podrá haber un solo vencedor. Sólo es admisible el triunfo claro,
inobjetable, del pueblo de México. Y para que el pueblo de México triunfe el 21
de agosto, los partidos políticos –todos – tendremos que sujetarnos a la ley y
sólo a ella, sin ventajas para nadie, sin prepotencias, sin abusos y sin
arbitrariedades.
Por
ello, congruente con mi exigencia de una elección democrática, aspiro a que el
Congreso de la Unión decida las reformas electorales que procedan, siempre a
partir de los consensos que los partidos hemos venido construyendo en el marco
del Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Democracia, firmado el 27 de enero.
Aspiro a que juntos ampliemos la autonomía y afiancemos la imparcialidad de
nuestros organismos electorales, a fin de que la voluntad popular y sólo ella,
determine los resultados de los comicios.
Confiabilidad, certeza, regularidad y
limpieza electorales no pueden seguir siendo sólo aspiraciones, tienen que ser
realidades que se impongan en las conciencias de los ciudadanos. De
ahí nuestro compromiso con la participación de observadores en el proceso
electoral. La elección es de la sociedad y por tanto no puede ser un asunto
cerrado. Su transparencia exige de la participación de observadores y no
excluye que de ella pueda darse el más amplio testimonio, tanto por parte de
nuestros ciudadanos como de visitantes internacionales. De ninguna manera
tenemos por qué mirar con temor a quienes desean conocer la naturaleza de
nuestros procesos democráticos. Nuestras elecciones – y lo digo con pleno
convencimiento – no tendrán vergüenzas qué ocultar.
El
PRI estará al frente del avance democrático de México, asumiendo sus
responsabilidades y respondiendo a las exigencias de la sociedad mexicana. En
estos meses de intensos recorridos por todo el país, de visita a muchas
comunidades, de contacto y diálogo con mi Partido y con la ciudadanía entera,
me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios
y de las nuevas demandas; el México de las esperanzas, el que exige respuestas,
el que ya no puede esperar. Ese es el México que nos convoca hoy; ese es el
México que convoca a mi conciencia; ese es el México al que habremos de darle
seguridad, al que habremos de darle rumbo en la nueva etapa del cambio.
Yo veo un México de comunidades
indígenas que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y
de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su
cohesión, de su
cultura y de que están dispuestas a creer, a participar, a construir nuevos
horizontes.
Yo veo un México de campesinos que aún
no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado,
pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si
se establecen y se arraigan los incentivos adecuados.
Veo un cambio en el campo; un campo con una gran vocación productiva; un campo
que está llamado a jugar un papel decisivo en la nueva etapa de progreso para
nuestro país.
Yo veo un México de trabajadores que no
encuentran los empleos ni los salarios que demandan; pero también veo un México
de trabajadores que se han sumado decididamente al esfuerzo productivo, y a los
que hay que responderles con puestos de trabajo, con adiestramiento, con
capacitación y con mejores salarios.
Yo veo un México de jóvenes que
enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no
siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación.
Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción;
pero también veo jóvenes que cuando cuentan con los apoyos, que cuando cuentan
con las oportunidades que demandan, participan con su energía de manera
decisiva en el progreso de la Nación.
Yo veo un México de mujeres que aún no
cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con una gran
capacidad, una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política
y social. Mujeres en suma que reclaman una participación más
plena, más justa, en el México de nuestros días.
Yo veo un México de empresarios, de la
pequeña y la mediana empresa, a veces desalentados por el burocratismo, por el
mar de trámites, por la discrecionalidad en las autoridades.
Son gente creativa y entregada, dispuesta al trabajo, dispuesta a arriesgar,
que quieren oportunidades y que demandan una economía que les ofrezca
condiciones más favorables.
Yo veo un México de profesionistas que
no encuentran los empleos que los ayuden a desarrollar sus aptitudes y sus
destrezas. Un México de maestras y de maestros, de
universitarios, de investigadores, que piden reconocimiento a su vida
profesional, que piden la elevación de sus ingresos y condiciones más
favorables para el rendimiento de sus frutos académicos; técnicos que buscan
las oportunidades para aportar su mejor esfuerzo. Todos ellos son las mujeres y
los hombres que mucho han contribuido a la construcción del país en que vivimos
y a quienes habremos de responderles.
Yo veo un México con hambre y con sed
de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las
distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y
hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las
oficinas gubernamentales.
Veo a ciudadanos angustiados por la
falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que
les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son
ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para
alcanzar el progreso. Yo veo un México convencido de que ésta es la hora de las
respuestas; un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los
podemos superar.
Yo me propongo encabezar un gobierno
para responderle a todos los mexicanos. El cambio con rumbo y con
responsabilidad no puede esperar. Manifiesto mi más profundo compromiso con
Chiapas. Por eso debemos escuchar todas las voces, no debemos admitir que nadie
monopolice el sentimiento de los chiapanecos. Expreso mi solidaridad a todos
aquellos chiapanecos que aún no han dicho su verdad, a todos aquellos que
tienen una voz que transmitir y a todos aquellos que tienen una palabra que
expresar. Debemos de asumir y debemos de decidir. Debemos de decidir si nos
asumimos plenamente como una sociedad plural o si concesionamos sólo a algunos
la interlocución de nuestros intereses.
Chiapas
es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos. Pero nuestra propuesta de
cambio, no se limita a responderle solamente a Chiapas. Le queremos responder a
todos los mexicanos, a los de todos los pueblos, a los de todos los barrios, a
los de todas las comunidades. Queremos cumplirle a los chiapanecos, pero
también a los mexicanos de la Huasteca, a los de La Laguna, a los de la Montaña
de Guerrero, a los de la Sierra Norte de Puebla, a los de Tepito o a los de las
barrancas de Álvaro Obregón, aquí en el Distrito Federal; a los del puerto de
Anapra, en Ciudad Juárez, Chihuahua; a los de la Colonia Insurgentes, en
Guadalajara, Jalisco; o a los de San Bernabé, en Monterrey, Nuevo León.
Mi
compromiso es con todos los mexicanos; mi compromiso es luchar contra la
desigualdad y evitar crear nuevos privilegios de grupo o de región. Los
mexicanos ante el conflicto hemos ratificado nuestra unidad esencial bajo una
bandera y nuestro ánimo de concordia. Nuestras instituciones probaron su
legitimidad y su eficacia. De la solución del conflicto, han salido
fortalecidas. Frente a Chiapas los priistas debemos de reflexionar. Como
partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no
fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no
estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura
del compromiso que ellas esperaban de nosotros.
Tenemos
que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos
hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que
debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio. Recuperemos nuestra
iniciativa, recuperemos nuestra fuerza, para representar las mejores causas,
para ofrecer los caminos de la paz, para responder ante las injusticias.
Recuperemos esos valores. Hagámoslo en esta campaña. Empecemos por afirmar nuestra
identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del
Gobierno.
Es
la hora de un nuevo impulso económico; es la hora de crecer sin perder la
estabilidad financiera ni la estabilidad de precios. La economía, más allá de
las metas técnicas, tiene que estar al servicio de los mexicanos. Por eso, el
nuevo crecimiento económico tiene que ser distribuido con mayor equidad, con
empleos crecientes, con ingresos suficientes. Que no nos quepa la menor duda: México cerrará este siglo con una
economía mucho más fuerte. Existen las condiciones para hacerlo, la sociedad lo
demanda. La tarea del crecimiento con estabilidad será de todos los mexicanos.
Es la hora de la confianza para todos, la de traducir las buenas finanzas
nacionales, en buenas finanzas familiares. Es la hora de convertir la
estabilidad económica en mejores ingresos para el obrero, en mejores ingresos
para el campesino, para el ganadero o para el comerciante, para el empleado o
para el oficinista, para el artesano o el profesionista, para el intelectual y
para las maestras y los maestros de México.
Es
la hora de los apoyos efectivos y del impulso al esfuerzo que realizan las
mujeres y los hombres al frente de micro, pequeñas y medianas empresas. Que se
les lleve a superar sus dificultades, que se les apoye a ampliar sus negocios
con mejores tecnologías para que sean más competitivos en los mercados. Es la hora del gran combate a la
desigualdad, es la hora de la superación de la pobreza extrema, es la hora de
la garantía para todos de educación, de salud, de vivienda digna. Esa es la reforma social de la
que hablé en Huejutla. Es la hora de hacer justicia a nuestros indígenas, de
superar sus rezagos y sus carencias; de respetar su dignidad. Como lo dije en
San Pablo Guelatao, Oaxaca: es la hora de celebrar un nuevo pacto del Estado
mexicano con las comunidades indígenas.
Es
la hora de nuevas oportunidades para el campo de México, como lo comprometí en
Anenecuilco, Morelos. Es la hora de enfrentar con decisión y con firmeza la
pobreza, y mejorar los niveles de vida de los campesinos. Es la hora de que el
Artículo 27 de la Constitución se exprese en bienestar, en justicia, en
libertad para los hombres del campo. Y es la hora de acabar para siempre con
todo vestigio de latifundio; es la hora de dar certidumbre al ejido, a las
tierras comunales y a la pequeña propiedad. Es la hora de impulsar la reforma
agraria para nuestro tiempo. Es la hora de promover más y mejor inversión en el
campo; de alentar de manera mejor y más eficaz, con libertad, la participación
de los campesinos. Es la hora de dar solución a los problemas de la cartera
vencida en el campo, del crédito escaso y caro. Es la hora de asociar los
esfuerzos de los productores; es la hora de constituir más cajas de ahorro, más
uniones de crédito y de poner en marcha nuevos mecanismos de
comercialización.
Es la hora de las regiones de México, para aprovechar mejor
los recursos, para aprovechar mejor la capacidad y el talento de cada una de
las comunidades del país, de cada ciudad de nuestro país, de cada estado de la
República. Un desarrollo regional que abra las esperanzas de cada rincón de
México, que canalice recursos para mantener la infraestructura carretera,
ferroviaria, portuaria, hidráulica y energética.
Es
la hora de superar la soberbia del centralismo, como lo dije en Jalisco; de
apoyar decididamente al municipio. Es la hora de un nuevo Federalismo; es la
hora de dotar de mayor poder político y financiero, a nuestros estados, como lo
dije en Tabasco; es la hora de garantizar plenamente la conservación de
nuestros recursos naturales, de nuestro medio ambiente, de nuestra ecología.
Es
la hora de una educación nacionalista y de calidad; es la hora de una educación
para la competencia; es la hora de nuestras escuelas, de nuestros tecnológicos;
es la hora de la universidad pública en México; es la hora de la gran
infraestructura para la capacitación de todos los mexicanos que quieran
progresar. La educación es nuestra más grande batalla para el futuro. A ella
destinaremos mayores recursos. Es la hora de reformar el poder, de construir un
nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del
ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la
buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo,
para combatir los templos de poder y el abandono de nuestras comunidades.
¡Es
la hora de cerrarle el paso al influyentísimo, a la corrupción y a la
impunidad! Es la hora de la Nación. Es la hora de ser fuertes todos
haciendo fuerte a México. Es la hora de reafirmar valores que nos unen. Es la
hora del cambio con rumbo seguro para garantizar paz y tranquilidad a nuestros
hijos. La única continuidad que propongo es la del cambio; la del cambio que
conserve lo valioso. Queremos un cambio con responsabilidad en el que no se
olvide ningún ámbito de la vida nacional; queremos un cambio democrático para
una mejor economía, para un mayor desarrollo social. Y hoy existen las
condiciones para lograrlo; la sociedad lo demanda.
Hoy
queda claro que los cambios no pueden ser ni marginales ni aislados. La vía del
cambio corre en igual sentido y en igual intensidad y urgencia por el campo de
la política, por el campo de la economía y del bienestar social. Con firmeza,
convicción y plena confianza, declaro: ¡Quiero ser Presidente de México para
encabezar esta nueva etapa de cambio en México!
Amigas
y amigos; amigas y amigos:
Asumo el compromiso de una conducción política para la confianza; una
conducción política responsable, para llevar a cabo los cambios que requerimos,
para cerrarle el paso a toda intención desestabilizadora, de provocación, de
crisis, de enfrentamiento. Haremos de nuestra capacidad de cambio el mejor
argumento para convocar a la confianza de los mexicanos, para garantizar la paz,
para fortalecer nuestra unidad. Somos una gran Nación porque nos hemos
mantenido básicamente unidos, pero con respeto a la pluralidad.
Queremos
un México unido, queremos un México fuerte, queremos un México soberano. Un
México de libertades, un México con paz, porque son amplios los cauces de la
democracia y de la justicia. Hay sitio para todos en el México por el que
luchamos afanosamente. Soy
un mexicano de raíces populares. Soy un mexicano que ha recorrido en muchas
ocasiones nuestro país, que no cesa de maravillarse ante la gran variedad y riqueza humana de
nuestra patria y que no cesa tampoco de advertir carencias y dolores. Me
apasiona convivir, compartir, escuchar y comprender al pueblo al que
pertenezco. Aprendo diariamente de sus actitudes francas, de sus actitudes
sencillas.
Reitero
que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres,
como mis abuelos, soy un hombre de trabajo que confía más en los hechos que en
las palabras. Pero por eso mismo, soy un hombre de palabra, un hombre de
palabra que la empeño ahora mismo para comprometerme al cambio que he
propuesto: un cambio con rumbo y con responsabilidad. El gran reclamo de México es la democracia.
El país quiere ejercerla a cabalidad. México exige, nosotros responderemos.
Como
Candidato a la Presidencia de la República, estoy listo también.
Demos nuestro mayor esfuerzo en esta elección.
Vamos a echarle ganas. No hay que bajar la guardia.
Vamos por la victoria.
Ganémosla con México y ganémosla para México.
¡Que viva el PRI!
¡Que viva México!"
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